Una devanadera de madera es una de esas pequeñas herramientas cuya utilidad se hace más evidente con el uso. Guarda una longitud de trabajo de hilo de bordar, lana, cinta de sarga, hilo de lino o cordón fino en un manojo compacto, sin los pliegues marcados que a veces dejan las bobinas estrechas de cartón. Puede hacerse en una tarde a partir de un recorte de madera dura y no requiere ensambles complicados.
La forma es sencilla: un mango central estrecho, con extremos redondeados más anchos que impiden que el material enrollado se salga. El trabajo importante está en las proporciones y el acabado. Una devanadera debe asentarse cómodamente entre el dedo y el pulgar, no tener asperezas que enganchen fibras delicadas y ser lo bastante resistente para no partirse donde los extremos se ensanchan desde el mango.
Una forma útil y sus proporciones
No existe un único patrón correcto. Las antiguas herramientas domésticas para devanar varían considerablemente, y a menudo reflejan el material que debían llevar. Una pieza para hilo fino de costura puede ser estrecha y ligera; una destinada a lana o cordón se beneficia de un cuerpo más ancho y extremos más generosos.
Para una devanadera de uso general, comience con una pieza de madera dura de unos 180 a 220 mm de largo, 35 a 45 mm de ancho y 8 a 12 mm de grosor. Estas dimensiones dan como resultado una herramienta que cabe fácilmente en una cesta de costura o bolsa de trabajo, a la vez que admite una cantidad útil de fibra.
Marque tres zonas principales:
- un agarre central de unos 80 a 100 mm de largo y 18 a 24 mm de ancho;
- dos extremos de retención, de unos 35 a 45 mm de largo cada uno;
- hombros graduales entre el agarre y los extremos, en lugar de esquinas cuadradas y abruptas.
Los extremos de retención pueden tener forma de paletas suaves, pestañas redondeadas o lóbulos poco profundos. Solo necesitan ser lo bastante anchos para evitar que el manojo se desplace fuera de la devanadera. No hacen falta muescas profundas, y estas pueden enganchar el hilo. Un estrechamiento moderado en el centro ayuda a la mano a encontrar su lugar y proporciona al material enrollado una zona natural de apoyo.
Elija madera de veta recta. Haya, arce, abedul, cerezo, peral, manzano y otras maderas duras de grano cerrado similares son adecuadas si están bien secas. Evite la madera con veta corta que atraviese el mango estrecho, nudos cerca de los hombros, poros abiertos o tendencia a astillarse. Una devanadera soporta poca carga, pero se sostiene repetidamente, se deja caer en cestas y roza las fibras; una pieza de madera sana y uniforme durará mejor.
Foto de Sara Bach en Unsplash.
Materiales y herramientas
Necesita poco más que un pequeño recorte y una forma de darle forma.
- Madera dura de veta recta, de unos 8 a 12 mm de grosor
- Lápiz, regla y, si se desea, una sencilla plantilla de papel
- Sierra pequeña, sierra de marquetería o sierra de cinta para cortar el contorno
- Cepillo de carpintero, cepillo pequeño, escofina, cuchillo o lima para refinar la forma
- Rascador de ebanista o papel de lija de varios granos
- Taladro y broca pequeña, opcionales, para un orificio de colgado
- Aceite apto para contacto con alimentos o aceite sencillo para muebles y cera de abejas para un acabado discreto
- Paño limpio para aplicar y pulir el acabado
Un cuchillo basta para dar forma con cuidado si la pieza es delgada y la madera se deja trabajar. Trabaje despacio, cortando siempre en dirección opuesta a la mano que sujeta la pieza, y fíjela en un tornillo de banco o contra una caja de ingletes siempre que sea posible. Los objetos pequeños son fáciles de sujetar en exceso; un apoyo firme es más seguro y produce un resultado más limpio.
Cómo hacer la devanadera
1. Prepare e inspeccione la pieza
Cepille o lije ligeramente una de las caras anchas para que las marcas de lápiz se vean con claridad. Observe atentamente la veta antes de dibujar el contorno. La veta debe recorrer longitudinalmente la devanadera, de un extremo al otro. Esto es especialmente importante en la sección central estrecha, donde el material a contraveta tiene más probabilidades de romperse.
Si el recorte presenta curvatura o torsión, aplánelo antes de darle forma. Una devanadera no necesita quedar perfectamente plana como a máquina, pero una deformación pronunciada hace que el enrollado sea irregular y puede hacer que la herramienta resulte incómoda en la mano.
2. Marque el centro y los extremos
Trace una línea central a lo largo. Marque el agarre central y, después, los extremos de retención iguales. La simetría ayuda, pero esta es una herramienta manual y no un ejercicio formal de medición; una ligera variación entre los dos extremos no afectará su uso.
Para un contorno suave, dibuje líneas rectas o ligeramente curvas desde el agarre estrecho hasta las paletas más anchas de los extremos. Mantenga amplias las transiciones. Las curvas interiores cerradas crean puntos débiles y son más difíciles de alisar con limpieza.
Si desea un orificio para colgarla, márquelo ahora cerca de un extremo, al menos a 10 o 12 mm del borde. Es útil para un tablero de herramientas o para atarla dentro de un cajón, pero no es necesario. Para hilos muy finos, dejar la devanadera sin perforar ofrece un borde menos que revisar en busca de enganches.
3. Corte el contorno
Sierre justo por fuera de la línea marcada. Una sierra de marquetería resulta práctica para los extremos curvos, aunque una pequeña sierra manual seguida de un conformado cuidadoso funciona igual de bien. No intente cortar exactamente hasta la línea final si la sierra tiende a desviarse. Deje un pequeño margen y lleve la forma hasta la línea con una escofina, cepillo de carpintero, cuchillo o papel de lija.
Donde la veta cambia de dirección alrededor de un extremo curvo, haga cortes ligeros. Empujar una herramienta con fuerza sobre veta ascendente puede arrancar un pequeño fragmento del borde. Ese daño puede repararse, pero es más fácil evitarlo trabajando desde cada extremo hacia el centro de una curva.
4. Suavice todos los bordes
Este es el paso que determina si la devanadera se siente como una herramienta terminada. Primero elimine las marcas de la sierra y lleve el contorno a su forma final. Después, redondee los bordes largos y el borde de cada extremo de retención.
Basta con un redondeado poco profundo y uniforme. Busque un borde que se sienta suave bajo el pulgar, pero que no haga que la devanadera parezca hinchada. Las caras anchas pueden permanecer casi planas; solo los bordes necesitan un suavizado generoso.
El hombro donde el mango se une a los extremos merece una atención especial. Esta zona guía el hilo mientras se enrolla, por lo que debe ser lisa y gradual. Cualquier arista viva, veta desgarrada o pequeña esquina puede enganchar seda, hilo de bordar, lana hilada de forma suelta o hilo fino de lino.
Foto de Sara Bach en Unsplash.
5. Alise pensando en la fibra
Use un rascador de ebanista siempre que sea posible y, después, papel de lija fino. El raspado deja una superficie limpia y es particularmente útil en maderas duras de grano cerrado. Si lija, comience solo con el grano tan grueso como sea necesario para eliminar las marcas de herramienta y pase luego a granos más finos. Lije a favor de la veta, no atravesándola.
No se fíe solo de la vista. Pase un retal de algodón, una hebra de hilo o las yemas de los dedos por todos los bordes. La prueba es sencilla: nada debe engancharse, arrastrarse o sentirse inesperadamente afilado. Preste atención a la testa alrededor de las paletas y al interior de cualquier orificio de colgado.
Si perforó un orificio, suavice ambos bordes con un trozo enrollado de papel de lija fino o con un avellanador girado suavemente a mano. El borde duro de un orificio perforado puede desgastar el cordón con el tiempo.
6. Aplique un acabado discreto
Una devanadera no necesita un barniz grueso. Un acabado fino de aceite y cera mantiene la madera agradable en la mano y deja una superficie sobria que puede repararse.
Aplique una pequeña cantidad de aceite con un paño, deje que penetre brevemente y retire todo el exceso. Déjelo secar según las indicaciones del producto. Continúe con una capa ligera de cera de abejas o una mezcla de aceite y cera, y pula con un paño limpio una vez que se haya asentado.
El acabado debe sentirse seco, no pegajoso. Demasiada cera puede transferirse a hilos claros, especialmente en tiempo cálido. Pulir bien importa más que crear una capa gruesa. Si más adelante la devanadera se reseca o se vuelve áspera por el uso, puede limpiarse, alisarse ligeramente y volver a encerarse.
Cómo enrollar distintos materiales
Una devanadera funciona mejor cuando el material se coloca con una tensión ligera y constante. Tirar con demasiada fuerza puede estirar el hilo, comprimir la lana y dificultar la extracción del hilo de bordar. Enrollar demasiado flojo produce un manojo que se mueve y se enreda.
Hilo de bordar e hilo de costura
Separe primero una longitud manejable. Sujete la punta bajo las primeras vueltas y, después, enrolle formando un ocho plano de un extremo de retención al otro. Cruce cada vuelta por el centro estrecho, colocando el hilo ordenadamente en lugar de amontonarlo en un solo punto.
Al llegar al final, introduzca los últimos 25 a 40 mm bajo dos o tres vueltas ya existentes. Para hilo de trabajo, deje visible una punta corta para poder encontrarla sin alterar el manojo.
El patrón en ocho es especialmente útil para el hilo de bordar de varios cabos porque reduce la tendencia de los cabos a retorcerse y formar una espiral apretada. Si una madeja ya se ha retorcido, déjela colgar libremente un momento antes de enrollarla.
Lana
La lana se beneficia de un enrollado más flojo. Coloque el hilo alrededor de los extremos en vueltas amplias en forma de ocho, evitando un ceñido apretado en el centro. Así conserva mejor el volumen de la lana y facilita extraer una pequeña longitud de trabajo para remiendos o reparaciones visibles.
Para una lana más gruesa, use una devanadera más ancha o haga una con paletas más grandes. Una herramienta estrecha puede obligar a la lana voluminosa a formar un relieve comprimido, incómodo de desenrollar y menos amable con las fibras suaves.
Cinta, lazo y galón plano
Enrolle la cinta plana en lugar de cruzarla con fuerza. Comience en un extremo y coloque cada vuelta junto a la anterior o parcialmente sobre ella, desplazándose poco a poco a lo largo de la devanadera. Para los materiales planos suele ser mejor una vuelta sencilla que un ocho, ya que pueden marcarse en los cruces repetidos.
Asegure el extremo pasándolo por debajo de la última vuelta. Si la cinta es resbaladiza, deje una punta algo más larga y átela con un pequeño lazo de hilo de algodón en vez de usar un alfiler, que puede rayar la madera y marcar el material.
Cordón, bramante e hilo encerado
El cordón puede enrollarse con más firmeza que la lana, aunque no debe incrustarse en los bordes de la devanadera. Use un ocho para cordón flexible y un enrollado más plano, vuelta junto a vuelta, para cordón rígido que se resista a doblarse.
El hilo encerado puede dejar un poco de residuo en la madera. No es perjudicial, pero conviene reservar una devanadera para materiales muy encerados si también utiliza seda o algodón muy claros.
Foto de Debby Hudson en Unsplash.
Errores útiles que conviene evitar
Los fallos habituales son pequeños y fáciles de prevenir.
Hacer el mango demasiado estrecho. Una cintura muy estrecha parece delicada, pero puede resultar incómoda y romperse si la veta no es perfecta. Mantenga anchura suficiente para sostener la devanadera con seguridad.
Dejar esquinas afiladas en los extremos de retención. Los extremos no necesitan ganchos llamativos. Las paletas anchas y redondeadas sujetan el material de forma fiable y son mucho más amables con la fibra.
Usar madera áspera o de poro abierto sin alisarla lo suficiente. Los poros profundos y la veta desgarrada no siempre son un problema para un bramante resistente, pero son malos compañeros para el hilo fino. Raspe, lije e inspeccione con cuidado.
Aplicar un acabado grueso o pegajoso. El hilo debe deslizarse limpiamente fuera de la devanadera. Es preferible un acabado fino y completamente curado a un revestimiento brillante que permanezca blando.
Llenar demasiado la devanadera. Cuando el manojo sobresale mucho por encima de los extremos de retención, resulta más difícil mantenerlo ordenado. Divida una cantidad grande entre dos devanaderas o use un patrón más grande para materiales pesados.
Mantener la herramienta en uso
Etiquetar es opcional, pero resulta útil cuando se guardan juntas varias devanaderas. Una pequeña marca de lápiz en el reverso, una etiqueta de papel atada o un sencillo lazo de hilo de un color elegido pueden identificar la fibra, el tono o el proyecto sin alterar la herramienta de forma permanente.
Guarde las devanaderas en una caja poco profunda, cesta de costura o rollo de tela donde el material enrollado quede protegido del polvo y de la luz solar intensa. Antes de guardar lana o hilo durante un periodo largo, asegúrese de que estén limpios y secos. La devanadera de madera es solo un soporte; el estado de la fibra sigue siendo lo importante.
Una devanadera bien hecha exige poco a quien la usa. Si se mantiene lisa, seca y con un acabado ligero, se convierte en un discreto objeto de trabajo: fácil de tomar, fácil de enrollar y listo siempre que se necesite una pequeña longitud de hilo o lana.